Al terminar su presidencia en 1931, Ana María Benito dejó expresado en la memoria, su anhelo de congregar a las ex alumnas en una gran reunión de camaradería. Ana María no llegó a presenciarla pero, la comisión subsiguiente se hizo un deber de realizar el proyecto de la compañera desaparecida y el 8 de julio de 1932

la escuela acogedora, abrió sus puertas para recibir a más de cuatrocientas ex alumnas que traían en los ojos, más que en los labios, la evocación emocionada de los recuerdos juveniles. Durante varias horas la casa vibró al calor de los encuentros, de las efusiones, de las remembranzas que unían en un mismo sentimiento de fraternidad a los profesores y alumnos que convivieron en la querida escuela.