» Los que se van de la vida, mueren de verdad en el instante preciso en que se los olvida.
El recuerdo, no se alimenta con la ofrenda de flores en los días clásicos. Ni con el llanto inútil derramado sobre una tumba. Ni con la apreciación póstuma de virtudes que no se quisieron reconocer a tiempo. Ni con la crónica laudatoria de la vida de los que partieron.
Ese recuerdo debe ser un proceso espiritual que gravite sobre los actos de un hombre, de una familia, de una comunidad en la prosecución de un ideal.
Así recuerda nuestra casa a Ana María. Por eso ella sigue viviendo entre nosotros.” por Ernesta Robertaccio

En su memoria se bautizó a la Asociación con el nombre que ha de ser por siempre símbolo de fraternidad y credencial de altura: Asociación “Ana María Benito” de Ex Alumnos de la Escuela Normal N° 2.

Recorte de diario

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