Somos Egresadas del Normal        *por Graciela del Toro

Somos egresadas del Normal

Hace 25 años el año2000, el tercer milenio, era algo tan remoto e inasible como la edad de piedra, pero al revés; tan intangible y alejado de nuestra realidad de “eterno presente” de adolescentes, como el teorema de Pitágoras, las isobaras de Asia y África o “el pico del pato” y “el oso chiquito”. A nosotras, chicas de 17 años en la década del 70, el futuro no nos preocupaba demasiado.
–“En el 2000 voy a tener cuarenta!!!!”- a lo sumo comentábamos. Sí, con ese tono de espanto. Por supuesto que pensábamos en casarnos, formar una familia. De ese mandato no se salvan ni las evolucionadas chicas de hoy, que bailan entre ellas mientras los chicos… ¿qué hacen? También pensábamos en la facultad, o el profesorado, en una carrera. Pero con esa omnipotencia casi inocente de la adolescencia, dábamos todo por sentado. A los 17 años, y terminando la secundaria, éramos dueñas del mundo, que nos esperaba con los brazos abiertos para brindarnos en bandeja de plata todo lo que pidiéramos.

Y casi sin darnos cuenta, el 2000 llegó. Demasiado rápido. Sin cataclismos ni fin del mundo. Y durante esos 25 años que pasaron muchas de nosotras estudiamos, nos recibimos, nos enamoramos, nos casamos, nos “descasamos”, tuvimos hijos. ¿Todo eso?  Sí, y mucho más. Gozamos y sufrimos, llegamos a la cumbre y quizá caímos, emigramos y quizá volvimos, recibimos alborozadas nuevas vidas y despedimos con dolor a gente querida. Es decir, VIVIMOS. Pero… ¡si casi no nos dimos cuenta de que el tiempo pasaba! Si ayer nomás organizábamos el viaje a Bariloche y la graduación, si ayer escribíamos dedicatorias y llorábamos como Magdalenas y nos jurábamos que nunca nos íbamos a separar…

Hoy, con más de cuarenta, adultas en plenitud, a cargo de nuestros propios hogares, desempeñándonos como profesionales en las más diversas áreas de la actividad, nos encontramos con aquellas a quienes no les fuimos del todo fieles en nuestro juramento, ya que las volvemos a ver por primera vez en 25 años. Hoy revivimos en un par de horas los largos años que compartimos dentro de esta escuela. Anécdotas, apodos, profesoras…¿Te acordás…? ¿Cómo se llamaba…?

Volver a entrar ayer a la escuela, después de tanto tiempo, movilizó en mi interior un montón de sentimientos de cuya existencia apenas me percataba. El hall con el busto de Juan María Gutiérrez, donde aún resuenan los pasos apurados de las que llegaban tarde; el imponente salón de actos, desde donde nos llegan los acordes de un piano interpretando el Himno; las interminables galerías y el patio cubierto, donde aún se escucha la bulla del recreo y donde se adivinan las siluetas de miles de nenas de delantal blanco jugando al elástico y saltando a la soga; el patio de la secundaria, con su fuente en homenaje a Dolores Dabat, a cuyo lado aún se adivina la trama de miles de sueños de juventud tejidos durante más de noventa años. Y la antigua biblioteca, que atesoraba saber y exquisitez estética, con sus recientemente revalorizados murales. En la urgencia que la vida nos impone, muchas de estas cosas estaban casi olvidadas. Volverlas hoy al plano de la conciencia es una experiencia sumamente enriquecedora, porque forman parte de nuestra historia, porque constituyen el por qué de gran parte de nuestras realidades presentes, porque inevitablemente dejaron su impronta en nuestras vidas. Somos egresadas del Normal. Y ahora sí queremos serle fieles.

* Graciela del Toro ex alumna promoción 1977 – Escrito en el 2002 para sus Bodas de Plata